viernes, 21 de octubre de 2016

Mixquic - Tradiciones

LAS ÁNIMAS RETORNAN A MIXQUIC Y A JANITZIO



De todas las celebraciones de muertos que se conocen en nuestro país, las de Janitzio y Mixquic son las más famosas, ya que conservan prácticas que han perdurado desde épocas precolombinas y que los españoles no pudieron apagar. El colorido de esta tradición, ha alcanzado fama internacional, convocando cada año a miles de visitantes.

En 2003, la UNESCO declaró la celebración del Día de Muertos como una Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, pues se considera una de las representaciones más relevantes del patrimonio vivo de México y el mundo, conservando una gran fuerza entre los grupos indígenas del país.

Noche de muertos en Mixquic

San Andrés Mixquic está situado al sureste del Distrito Federal en la delegación Tlahuac. Etimológicamente Mixquic significa “lugar de mezquites”. Otros autores consideran que Mixquic deriva de Miquixtli que significa “muerte”, por la tradición de venerar a los muertos. La principal ocupación de sus pobladores es la agricultura, donde se producen gran cantidad de verduras y legumbres en chinampas.

Su fiesta del Día de Muertos tiene un carácter eminentemente religioso y conserva muchas de las características del ritual funerario practicado por nuestros antepasados. Ahora, en la intimidad de los hogares, se alzan altares en honor a los difuntos, donde se comparte con ellos pan, agua y alimentos, como muestra de que no han sido olvidados.

Las ofrendas tienen un gran significado cultural, pues son consideradas una forma de convivencia entre vivos y muertos, además tienen una riqueza ornamental y manifiestan la creatividad y cosmovisión de los habitantes.

Algunos de los platillos regionales son el pato en mixmole, platillo que se elabora con acosiles, quintoniles y acelgas, los huauzontles, los tlapiques, los romeritos, el chacualole o dulce de calabaza, el mole verde de pepita con pollo, el mole rojo con guajolote, así como las gorditas y tlacoyos de haba y frijol acompañados de nopalitos y quelites.

La gente acude al panteón a limpiar y adornar las tumbas desde el 31 de octubre por la tarde, pasadas unas horas, con el toque de una docena de campanadas provenientes de la parroquia del pueblo, se anuncia la llegada de las almas que abandonaron este mundo cuando eran niños. Da inicio “el alumbrado” que consiste en acompañar a las ánimas en el panteón y permanecer con ellas hasta el amanecer.

Las almas de los adultos arriban el 2 de noviembre. Los cirios, la policromía de las flores y el copal crean un ambiente místico, el cementerio se convierte en la morada de todos, donde vivos y muertos vuelven a encontrarse. Cantos, rezos y murmullos se prolongan hasta las 12 de la noche cuando los difuntos se despiden. La celebración concluye hasta el día siguiente con la visita que hacen los habitantes del pueblo entre sí para compartir su ofrenda con amigos y familiares.

Animecha kejzitakua o celebración de los muertos en Janitzio

Janitzio significa “lugar donde llueve” en purépecha. Es la isla más grande que se ubica en el lago de Pátzcuaro, centro de trabajo de muchos tarascos que capturan charales y pescado blanco con redes en forma de mariposa. Una población pintoresca que cautiva a los visitantes con sus sinuosas calles empedradas, casas de adobe con techos de teja roja, un templo dedicado a San Jerónimo y el panteón, donde se lleva acabo el majestuoso ritual en el que comulgan vivos y muertos.

Cuenta la leyenda que la princesa Mintzita, hija del rey Tzintzicha, y el príncipe Itzihuapa, heredero del reino de Janitzio, hijo de Taré, estaban profundamente enamorados, sin embargo no pudieron unirse por la llegada de los españoles quienes tomaron preso el rey Tzintzicha. A cambio de su libertad ofrecieron un tesoro oculto bajo las aguas del lago de Pátzcuaro. Cuando Itzihuapa iba a entregarlo, fue capturado por las sombras de los veinte remadores que habían escondido el tesoro en el lago. Y así cada año, al sonar las campanadas, los guardianes del tesoro despiertan y los dos enamorados suben a la cima de Janitzio, rumbo al panteón a recibir las ofrendas.

Los pobladores acuden por la tarde a limpiar y adornar las tumbas de sus familiares. Caída la noche, las velas se van encendiendo una a una, transformando el oscuro camposanto en un jardín lleno de luces misteriosas. El humo del copal rodea los rostros de las personas que cantan y rezan en tarasco, rogando por el descanso de los que ya se han ido. Como un gran fuego, el panteón brilla con las luces de los cirios, reflejadas en el lago como un espejo misterioso.

En el primer minuto del 1° de noviembre, la campana que cuelga del arco, a la entrada del panteón, deja oír sus repiques durante toda la noche, anunciando así la llegada de las ánimas. Las torres se adornan con mazorcas, flores y frutos. Los niños elaboran calaveras con chilacayotes tiernos iluminados que se colocan a la entrada del templo.

Las tumbas de las almas pequeñas se decoran con hermosas flores blancas, juguetes de madera tallada y dulces. Cuando llegan las almas de los adultos, el 2 de noviembre, el color de las flores blancas se mezcla con los bellos tonos anaranjados del cempasúchil, que endulza con su aroma todo el ambiente.

La gastronomía de la región se basa en el maíz, con el que se elaboran tamales de ceniza, de zarzamora, uchepos y corundas, otra variedad de tamales en forma triangular que se sirven con salsa de jitomate, carne de cerdo y crema. Además destacan las carnitas y la sopa tarasca hecha con frijol, queso y jitomate. Las bebidas típicas son el atole de grano, el chocolate de metate y la charanda, aguardiente de caña, que cuenta con denominación de origen.

Las ofrendas se recogen el día 3, cuando ya se han ido las almas de los adultos. Después se hace la repartición de los alimentos con otras familias. Así termina esta hermosa tradición llena de encanto y una belleza inigualable, basada en compartir con los difuntos, los platillos que más disfrutaron en vida y que por su sabor, color y variedad, son reconocidos en todo el mundo.

¿Cómo llegar?

Janitzio:
desde la Ciudad de México se tienen que recorrer 305 km aproximadamente para llegar a Morelia. De ahí 60 km al poblado de Pátzcuaro. Una vez aquí se debe preguntar por las embarcaciones que van a la isla.

Mixquic:
puedes tomar por Periférico hasta la avenida Tláhuac y seguir los señalamientos. También puedes hacerlo por la autopista México-Puebla con dirección a Chalco-Mixquic, o en la entrada de la autopista México-Puebla con dirección Eje 10 Santa Martha -Mixquic.

Si vas en transporte público desde la terminal de la línea 2 del metro Taxqueña, salen camiones RTP ruta 149, que van al centro de Mixquic.